-Hola, ¿Cómo estás?-

-Bien... ¿Y tú?-

-Viéndote, y no sé si eso quiera decir que estoy bien o estoy mal-

-¿A qué te refieres?-

-Eres un pretexto para omitir mi capacidad de concentrarme en otras cosas-

-no te entiendo-

-Necesito tu mirar-

-¿mirar?

-No entiendes, ¿cierto?-

-Para nada-

Así es ella, extraordinariamente imbécil, pero me gustaba... fue una lástima que tuviera tantas nalgas y tan poco cerebro... pero no estaba para exigencias, ni para mendigar un buen beso mal dado, solo no estaba para nada y quería todo.

-Me gustas-

y callaba, mirandome a los ojos como queriendome decir lo mismo pero de la forma en la que se dice para que no te molesten más con eso, " a mi también pero no eres mi tipo", "tu también me gustas, pero tengo novio", pretendiente, excusado, una taza de café que se va a enfríar, o cualquier otra cosa tan inverosímil que tienes que forzar a tu cerebro para hacerlo creer que es realidad y se convierte en una fatua realidad lastimosa.

En fin, cometí un error, el negarme a dar un beso, al incluir en mi rutina una mirada con desinterés fingído, al soñar con un tango Gardeliano que no conocía.

-También me gustas, pero no te conosco del todo y ni tu a mi, ¿te parece si nos enfocamos a eso?-

No quiero tu lástima, y sin embargo la quiero, a una dama nunca se le dice que no, aunque sea la lástima aceptar...