Me quemaba, me ardía las entrañas, me suplicaba el corazón no verle más y el hígado me salpicaba mis sueños con esa sustancia verde y viseral... en fin, no hay mucho que contar.

Era alta como las dudas, blanca como la noche desconcertante, con manos de hechicera... nunca las conocí, labios de misterio taciturno, escuchaba a Pink Floyd, y tomabamos hasta caernos, comentabamos sobre lo malo, lo feo y lo barato del mundo; puto mundo barato.

Recuerdo los momentos en los que nos sentabamos en un principio sin hablar de mucho y comentando todo, encontrandonos con los amigos de los amigos de sus más tiernos amigos ojos, y yo... callado, como el silencio mismo, pero menos existente.

Cuando el cielo era azul y en un abrir y cerrar de ojos se tornaba oscuro-pulque, cuando mi intención era acercarme y la suya... no tenía ninguna intención... ninguna...

Y esos momentos nefastos en que un amigo trata de ayudarte para coneguir que una amiga tuyat e haga caso en cuestiones que nada tienen que ver con la estbilidad emocional, y termina cagandola por completo, ya saben, unas copas no son el mejor Pepe grillo que pueda surgir de la tierra.

En fin, unos meses y 3 perdidas después, no se veía igual, ahora se veía estúpidamente ... ella, sin el brillo en los ojos, sin el rostro de ausencia ignorada y con un suspiro tan peculiar que refleja desepciones amorosas, como las mías pero más misteriosas.

En fin... ahora la tengo en mi vida de nuevo, pero ya no me desepsero por ella, ya duermo sin pensar que me quiera, ya no me atormenta pensar que no me quiso, ya no me importa el pasado que pasamos, ahora recuerdo el pasado con extrañeza y risas.