Acariciaba a la oscuridad desde la hondez de la barbarie verbal, genial...
al menos eso creí... pero regresemos al inicio.
Ella leía los libros del colegio, la internet, la mente, los ojos, los sonrojos, las acciones, movimientos, leía hasta el periódico... pero leía todo mal.
Era un bien mal dado que fue recibído como compensación por los hechos ocurridos la noche pasada en la que perdí la privacidad de la almohada... algunos comentaban que los besos en la frente eran una opción cómica e interesante, yo en cambio, no opinaba nada.
Era dura, no como para dominar a un hombre, pero si para defenderse de tal, corría con el viento de la noche, y caminaba con él de día, pecaba con las caderas que resaltaban de su figura, se dejaba achuchar por cualquiera que se pareciera a su pasado, conseguía pactos con cualquier tipo de caballeros, como yo.
Un pacto en el que ni la inoscencia pero sí el descaro tenían que ver... mera costumbre personal...
Conmigo era una especie de Lilith encarnada en alguien por supuesto menos interesante, pero en casa era una paloma blanca y llena de Espiritu Santo, con salidas de permisos y decencia perdída por parte y abuso de un engreído salvadoreño refugiado de la guerra civil, que más dan las descripciones, al fin y al cabo, resultó ser lo que no quería, resultó ser ella, una taza de café... pero no un café real, más bien la pintura de un café.

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