Pense que este tipo de cosas ya no me pasarían, o al menos no tan pronto... sucedió... tal como me gusta que suceda.
Era delgada, baja de estatura, con mirada de soledad acompañada, no tenía porte de puta ni lo era, pero por esa noche lo fue, quiso probar conmigo lo que era entregarse a cualquiera y que cualquiera la abrazace.
Caminé, con el frío que suele acompañar a los solitarios, y ella parecía tener frío también.
"Buenas noches" rozaron sus oídos y los míos... "¿No tienes hora?"... dos miradas y un "te me haces conocida", ella seguía sin responder... me limité a inventarle un sin fin de cosas, "¿no te conosco de la otra fiesta?", "no eres amiga de Fulanita?", ella extrañada me negó todo, y yo negué el hecho de que se me fuera sin un beso.
Un "Tienes prisa?" fue la pregunta acertada, respondió que no y la invite a tomar un café en el lugar más despectivo para el ser humano, una tienda de auto-servicio cuyas letras parecian manifestar un tipo de enojo industrial.
Era temprano y nadie había en mi hogar, la invite a pasar para mostrarle unos libros de los cuales le había comentado un par de cosas mientras ella reía de no saber de qué coño hablaba yo, en fin.
Nos bebimos la luna tal como si fuera el agua, y los labios no fueron compasivos para ninguno de los dos pecadores orgullosos de encontrarse el uno a la otra y la otra al uno.

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