Pequeña... asustadiza hija prodigía de la actuación y de un mar ululento de confusiones y un futuro asomando su cabeza por la esquina.

Esperar a que se acerque, estirar los brazos, poner la mejilla para un despido o un saludo, da igual, la frialdad es la misma.

Tiritando de desconocido en la parte más lejana de su horizonte... ¿algo más?...

-Mira, muchacho torpe, ahí adelante- Dice el viejo sabio mientras se rasca el ombligo

no le hago caso y sigo describiendo a aquella niña de ojos torpes y boca precisa que quisiera yo tocara mi boca con sus dulces labios que se notan a leguas que sabrosos saben.

Esperare otro día más para verla y después... no lo se